domingo, 18 de mayo de 2008

Paleoantropología evolutiva

Tranquilos, no os asustéis. Mike no se ha vuelto loco: aunque el nombre suene muy técnico hoy voy a hablar de algo muy sencillo que a más de un@ le puede interesar.

Uno de los temas que más me han fascinado desde que era pequeño ha sido la antropología, y para ser más exactos, la paleoantropología evolutiva, que no es otra cosa que el estudio de los fósiles ‘humanos’ para entender por qué somos como somos. ¿No os habéis preguntado nunca por qué los humanos son casi los únicos mamíferos bípedos de la Tierra? ¿Por qué somos inteligentemente superiores al resto del reino animal? ¿Por qué conservamos vello en algunas partes de nuestro cuerpo y en otras no?...

He leído mucho al respecto, y cuando digo mucho es mucho, quizás más que aquéllos que estén cursando estudios relacionados con este campo, y que yo habría hecho también de no haber tenido que desplazarme hasta Madrid. Es un tema que me fascina, soy un darwinista convencido y un voraz lector de tratados de biología evolutiva.

Es por ello que hoy quiero hablaros de un tema relacionado con la evolución humana, y más concretamente del sexo femenino. Hace unos días, hablando con una amiga me comentaba (espero que en broma) que las mujeres sufren al dar a luz por castigo divino y redención del pecado original. Tales barbaridades merecen, cómo no, una entrada en este blog que siempre intenta ‘enseñaros el camino de la verdad’ jejej.

Todas y cada una de las células de nuestro cuerpo, la máquina natural más perfecta que nunca ha existido, tienen un rol perfectamente definido y orquestado por la evolución y la selección natural a lo largo de millones de años. Somos lo que somos gracias a la sabia naturaleza, que se ha encargado de modelar nuestro cuerpo tal y como es. Entonces, ¿dónde radica el sufrimiento y el dolor que la hembra humana experimenta al dar a luz? Como muchos sabréis a estas alturas, el ser humano es de los pocos animales que sufren al dar a luz, y entre aquéllos que lo sufren, el que más con diferencia.

La respuesta es muy sencilla: nuestra inteligencia. Sí, puede sonar a una soberana tontería, pero al terminar de leer esta entrada espero que seáis unos expertos en el tema.

Empecemos por el principio (resumiré todo lo posible; estos temas dan para hablar días y días): cuando los primates (nuestros antecesores) abandonaron la jungla y se introdujeron en la sabana, con muchos menos árboles y más luz solar, las extremidades superiores cambiaron el rol que tenían hasta entonces, es decir, locomoción, para ir progresivamente adaptándose al manejo de objetos y herramientas. Poco a poco los primates pasaron de andar con 4 extremidades a hacerlo con sólo 2, y uno de los principales motivos de este cambio fue la luz y el calor solar: un cuerpo erguido, como el nuestro, recibe mucha menos radiación solar y por ello es más fácil conservar la temperatura corporal que un animal que sea cuadrúpedo y deba pasar largas horas bajo el implacable sol africano. Nos habíamos convertido en mamíferos bípedos.

Con el tiempo, nuestros antecesores perfeccionaron el uso y manejo de las manos, creando múltiples herramientas y usando objetos que hasta entonces eran desconocidos para ellos. Gracias al uso de estas nuevas técnicas se hizo necesaria una colaboración grupal más grande: nacían así las relaciones sociales primitivas a las actuales. El trabajo en grupo no tardó en necesitar un lenguaje para la comunicación entre los diferentes miembros del ‘equipo’ y a partir de gruñidos y sonidos guturales básicos, el lenguaje verbal nació para desarrollarse hasta lo que hoy en día conocemos como tal.

Estas relaciones sociales, el trabajo en equipo y el lenguaje necesitaban dos elementos básicos para tener éxito: lógica y memoria. Y son precisamente estos dos elementos los que se han desarrollado a lo largo de los diferentes estadios de la evolución humana hasta alcanzar las cotas actuales del Homo Sapiens (nosotros).

El ser humano actual tiene un cerebro muy grande (por las razones anteriormente explicadas). Con respecto a nuestro tamaño y peso, este órgano es 4 veces superior a lo que el resto de animales de la tierra posee, siempre hablando, claro está, de relaciones de tamaño y peso. Y el cerebro como todos sabéis tiene una cubierta ósea que lo protege de los golpes: el cráneo.


Pues bien, ya casi tenemos la respuesta a nuestra pregunta inicial sobre el dolor en el parto. Tal y como podéis ver en la ilustración de más abajo (click para ampliar), el ser humano, al convertirse en bípedo, sufrió cambios óseos importantes, entre los cuales se encuentra el giro de la cadera para que nuestras extremidades inferiores no quedaran separadas en demasía. Así, el canal del parto queda también afectado, y ya no es recto, sino que se convierte en una curvatura incómoda para la salida del feto. La curva que describe el canal de parto en la mujer afecta tanto al feto como a la madre, que sufre las consecuencias de nuestro bipedismo.


Pero esa no es la razón principal del dolor, aunque influye. La razón principal subyace en el tamaño de nuestro cráneo. A los 9 meses de vida, el cerebro del feto está tan desarrollado que el cráneo ha crecido lo suficiente como para no caber por el hueco de la pelvis de la mujer, y por tanto, ésta ha de expandirse y dejar espacio para que salga la cabeza del feto: las temidas contracciones y sus dolores.

Y ahí tenéis la razón del dolor del parto: no hay hueco físico para que el gran cerebro del Homo Sapiens salga tal y como está diseñado el cuerpo de la mujer. Como siempre, la naturaleza se abre camino, aunque esta vez con un poco (bastante a veces) de dolor. El motivo por el que el resto de animales no sufre al parir es porque sus cerebros no están tan desarrollados y por tanto no tienen que expandir ningún tipo de hueso para dejar salir al neonato.

En realidad, el embarazo de la especie humana dura 9 meses por la misma causa: el organismo necesita un tiempo superior al del resto de animales de nuestro tamaño y peso para desarrollar el cerebro. De no tener una inteligencia tan elevada, el embarazo duraría en torno a 6 meses y los bebés podrían andar e interactuar con el medio que les rodea en un par de días (sólo tenéis que fijaros en el desarrollo de otros mamíferos, como por ejemplo las gacelas, que a las dos horas de nacer ya corren y se defienden por si solas de las embestidas de los depredadores).

Para leer más sobre el tema os recomiendo dos libros esenciales, a la vez que básicos: La Especie Elegida, de Juan Luis Arsuaga e Ignacio Martínez (recorrido histórico de la evolución de la especia humana) y Los Dragones del Edén, de Carl Sagan, un precioso tratado sobre la evolución de la mente y el cerebro en el ser humano.

Bueno, no quiero alargar más esta entrada. Espero que os hayáis enterado de algo al menos y a partir de ahora podáis explicar con conocimiento de causa esta característica humana. Algún otro día hablaremos de más evoluciones.

Un saludo! Mike.

7 comentarios:

Berenice dijo...

Muy pero que muy interesante. La verdad es que todo lo que le sucede al cuerpo humano, una maquina tan compleja, tiene su por qué. Pensando ya en lo de los dolores del parto, concretamente, :S......pero bueno, es por la mejor causa del mundo, sin duda.

Elena dijo...

Viva la epidural!:)jejejeje. Mike, que interesante!:) Eso del pecado original me suena a clase de Eugenio eh?:)

Bsss

Inma dijo...

Un post precioso, Mike. Súper interesante, apasionante, se nota que te lo has currao un montón... Maravilloso... Incluso nuestros errores (como por ejemplo mi p*#! dolor de cervicales, o las mentiras, la envidia...) son también perfectos.

Un besitoooOooOO!

PD: hoy he estado un ratillo en nuestro querido "departaman", pero se cuece poca cosa.

Eva Fernández Berrios dijo...

Hello, Mike! ¿Tal vez has leído "La historia más bella del mundo"? Habla también de antropología, aunque la verdad es que de ese libro me gustó más el capítulo de la formación del universo (eso de que "Somos polvo de estrellas"...).
Muy interesante el post, aunque se te quitan las ganas de tener churumbeles :D

Rocío Brontë dijo...

Pues... tu entrada es muy, muy interesante; es fácil de leer y de seguir, pues como de costumbre, Mike, tu forma de escribir es amena y 'apta para todos los públicos'.

Lo del dolor del parto... en fin, hay que pasar por ello, qué se le va hacer, si no, no habría mundo, qué caray.

Y por cierto, eso de la interacción social y del trabajo en equipo... incluso hoy día, con lo inteligentes que somos, y bla, bla, bla, no conseguimos pasar de gruñidos y de sonidos guturales a la vez; por eso las personas, a día de hoy, seguimos sin entendernos.

Lamentablemente.

Besos.

Mike Adán dijo...

Gracias Berenice, Elena, Inma, Rocío y Eva (cuántas niñas leen mi blog!!).

No Eva, ese libro no lo tengo en mi biblioteca. Tendré que buscarlo. ¿Me lo alquilas? Jejeje.

Un beso a todas. Mike.

zen dijo...

Mike dice: "Hace unos días, hablando con una amiga me comentaba (espero que en broma) que las mujeres sufren al dar a luz por castigo divino y redención del pecado original. Tales barbaridades merecen, cómo no, una entrada en este blog que siempre intenta ‘enseñaros el camino de la verdad’ jejej."


Argumentas que las mujeres paren con dolor debido a indirectamente a una mayor inteligencia.

Ahora veamos qué dice la Biblia:


Mitología bíblica:

Génesis 1:27 - Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó .

Su historia se narra en el libro del Génesis, desde el versículo 26 del capítulo 1 hasta el versículo 2 del capítulo 5 (Génesis 1:27–5:2), la primera parte, hasta el versículo 5 del capítulo 5 (Génesis 1:26-5:5), trata de Adán y cuenta como este fue creado del polvo mediante la alfarería a imagen y semejanza del creador, dándole vida Dios mediante un soplo; el cual le provee una chispa divina.

Adán fue creado para dominar a la tierra y todo el producto de la creación Divina (Génesis 1:26-28); y posteriormente Eva fue creada como compañera de Adán a partir de una costilla de éste (Génesis 1:27, 2:20–22) y ambos recibieron de Dios mandamiento de fructificar y multiplicarse, llenar la Tierra y gobernarla (Génesis 1:28).

Dios puso a Adán y Eva en el Jardín del Edén (Génesis 2:15), el paraíso, y para probar su fidelidad y obediencia les dio el mandato de comer de todos los árboles del huerto, excepto un árbol; llamado árbol de la ciencia del bien y del mal (mas no les prohibió comer del árbol de la vida) indicándole a Adán y Eva que si comían los frutos de él, iban a morir (Génesis 2:16-17). la serpiente (El diablo) se aprovechó de esta única regla, y así tentó y engañó a Eva; la cual comió del fruto prohibido. Eva viendo que era "bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y realmente un árbol codiciable para alcanzar la sabiduría", le dio también a comer a su marido (Génesis 3:6). Dios dijo: "El ser humano ha llegado a ser como uno de nosotros, pues tiene conocimiento del bien y del mal. No vaya a ser que extienda su mano y también tome del fruto del árbol de la vida, lo coma y viva para siempre." (Génesis 3:22). Esta falta de obediencia les acarreó la expulsión del Paraíso (Génesis 3:24). Expulsión en la que Dios les castigó con la muerte, el dolor, la vergüenza y el trabajo "Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás" (Génesis 3:19) o "parirás a tus hijos con dolor" (Génesis 3:16). Estos hechos son conocidos como el Pecado original.


http://es.wikipedia.org/wiki/Adán_y_Eva


En el fondo sería una forma diferente de contar lo mismo en épocas históricas muy diferentes: la inteligencia (comer del árbol de la ciencia del bien y del mal) condenó (pecado original) a la mujer a parir con dolor (castigo).

Saludos.