viernes, 25 de abril de 2008

The Parable of the Sower

And when much people were gathered together, and were come to him out of every city, he spake by a parable: a sower went out to sow his seed: and as he sowed, some fell by the way side; and it was trodden down, and the fowls of the air devoured it. And some fell upon a rock; and as soon as it was sprung up, it withered away, because it lacked moisture. And some fell among thorns; and the thorns sprang up with it, and choked it. And other fell on good ground, and sprang up, and bare fruit an hundredfold. And when he had said these things, he cried, He that hath ears to hear, let him hear.—Luke 8:4-8.

2 comentarios:

Rocío Brontë dijo...

Todas las parábolas son preciosas, sobre todo, porque hacen reflexionar a las personas, y mucho.

Ésta en concreto cada persona puede adaptarla a su propia experiencia vital, así que según cada persona, tendrá una interpretación personal, lejos de la principal, que ya se recoje en las últimas palabras del escrito.

De todos modos, como siempre, son verdades como templos, y aunque los que sean/seamos del trozo de semilla que es fértil y da sus frutos, pero que los otros ignoran y no tienen en cuenta(y mucho, paciencia; la vida y el tiempo pone a cada persona en su lugar, y tarde o temprano, el camino se allanará un poquito.

Besos... y abrazos.

Mike Adán dijo...

Lo de que el tiempo pone a cada uno en su sitio... cada vez confío menos en eso, la verdad. Pero bueno, así es la vida.